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Obediencia

El día señalado para encontrarse con Jehová

Lectura · Levítico 9:1-19

1Y FUÉ en el día octavo, que Moisés llamó á Aarón y á sus hijos, y á los ancianos de Israel;

2Y dijo á Aarón: Toma de la vacada un becerro para expiación, y un carnero para holocausto, sin defecto, y ofrécelos delante de Jehová.

3Y á los hijos de Israel hablarás, diciendo: Tomad un macho cabrío para expiación, y un becerro y un cordero de un año, sin tacha, para holocausto;

4Asimismo un buey y un carnero para sacrificio de paces, que inmoléis delante de Jehová; y un presente amasado con aceite: porque Jehová se aparecerá hoy á vosotros.

5Y llevaron lo que mandó Moisés delante del tabernáculo del testimonio, y llegóse toda la congregación, y pusiéronse delante de Jehová.

6Entonces Moisés dijo: Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá.

7Y dijo Moisés á Aarón: Llégate al altar, y haz tu expiación, y tu holocausto, y haz la reconciliación por ti y por el pueblo: haz también la ofrenda del pueblo, y haz la reconciliación por ellos; como ha mandado Jehová.

8Entonces llegóse Aarón al altar; y degolló su becerro de la expiación que era por él.

9Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre; y él mojó su dedo en la sangre, y puso sobre los cuernos del altar, y derramó la demás sangre al pie del altar;

10Y el sebo y riñones y redaño del hígado, de la expiación, hízolos arder sobre el altar; como Jehová lo había mandado á Moisés.

11Mas la carne y el cuero los quemó al fuego fuera del real.

12Degolló asimismo el holocausto, y los hijos de Aarón le presentaron la sangre, la cual roció él alrededor sobre el altar.

13Presentáronle después el holocausto, á trozos, y la cabeza; é hízolos quemar sobre el altar.

14Luego lavó los intestinos y las piernas, y quemólos sobre el holocausto en el altar.

15Ofreció también la ofrenda del pueblo, y tomó el macho cabrío que era para la expiación del pueblo, y degollólo, y lo ofreció por el pecado como el primero.

16Y ofreció el holocausto, é hizo según el rito.

17Ofreció asimismo el presente, é hinchió de él su mano, y lo hizo quemar sobre el altar, además del holocausto de la mañana.

18Degolló también el buey y el carnero en sacrificio de paces, que era del pueblo: y los hijos de Aarón le presentaron la sangre (la cual roció él sobre el altar alrededor),

19Y los sebos del buey; y del carnero la cola con lo que cubre las entrañas, y los riñones, y el redaño del hígado:

Levítico 9:1-19

«Hoy». Es una palabra corta, y en este pasaje marca la cita. Moisés la usa al explicar al pueblo qué debe preparar: «Jehová se aparecerá hoy á vosotros». Ese día es el octavo. Dios señala un encuentro con fecha y con lugar, y dice qué hay que traer. Aquí el encuentro con Dios tiene un momento concreto, y ese momento pide preparación.

El día octavo, Moisés llamó a Aarón, a sus hijos y a los ancianos de Israel. A Aarón le tocó traer un becerro y un carnero sin defecto. Al pueblo se le pidió un macho cabrío, un becerro y un cordero de un año sin tacha, un buey, un carnero y una ofrenda amasada con aceite. Todo se llevó delante del tabernáculo: «llegóse toda la congregación, y pusiéronse delante de Jehová». Es decir, todos se acercaron y se quedaron de pie ante él.

Antes de empezar, Moisés junta una orden y una promesa: «Esto es lo que mandó Jehová; hacedlo, y la gloria de Jehová se os aparecerá». La palabra hacedlo quiere decir: háganlo. Nadie inventa el camino: Dios lo indica y promete dejarse ver. Eso no significa que cualquier cosa nuestra lo obligue a mostrarse. Significa que, en aquella ocasión, él mismo puso la cita y lo que se pedía, y el pueblo respondió haciendo lo mandado.

Aarón empieza por sí mismo. Moisés le dice que haga su ofrenda por el pecado y su ofrenda quemada, y la reconciliación «por ti y por el pueblo». Quien va a servir no queda fuera de la necesidad de ser perdonado. Sus hijos le traen la sangre, y él la pone sobre los cuernos del altar y derrama el resto al pie. La escena es dura: animales degollados, sangre, carne quemada fuera del campamento. El texto ni la esconde ni la adorna. Muestra que el pecado se toma en serio, y que Dios mismo abrió el camino para reconciliarse con él.

Fíjate en cómo avanza la jornada: tareas concretas, hechas una por una. Traer, acercarse, ofrecer, quemar. Aarón hasta lava los intestinos y las piernas del animal antes de quemarlos, y cada cosa se hace «como Jehová lo había mandado á Moisés». La obediencia de hoy se parece a eso: una llamada que se hace, una cuenta que se ordena, una disculpa que se pide, un rato de oración que se aparta. Cuando Dios señala un camino, se puede responder con pasos concretos, uno tras otro.

Estos versículos se detienen en plena tarea, con la promesa del comienzo aún esperando. Aarón tuvo que ofrecer primero por sí mismo, antes de hacerlo por el pueblo. Jesucristo, que no tenía pecado propio que cubrir, se ofreció por nosotros, y en él Dios sale a nuestro encuentro. Quien se acerca a Dios por medio de él no tiene que ofrecer nada para ser recibido: la ofrenda ya fue hecha.

Para vivirlo hoy

Elige una sola cosa que vienes dejando, como una llamada, una cuenta o una disculpa, y hazla hoy. Si hoy no se puede, fija hoy mismo el día y la hora, escríbelos en un papel y pégalo donde lo veas. Cuando la hagas, da gracias a Dios con una frase sencilla.

Para meditar

  • ¿Qué cosa concreta vienes dejando pendiente, y qué primer paso podrías dar hoy?
  • ¿Qué te dice que Aarón empezara ofreciendo por sí mismo antes de servir al pueblo?
  • ¿Qué tarea sencilla de tu día puedes hacer sabiendo que estás delante de Dios?

Oración

Señor, tú fijaste el día, el lugar y lo que había que traer, y prometiste dejarte ver. Te alabo porque abriste tú mismo el camino para reconciliarnos y no lo dejaste a nuestra imaginación: pediste una ofrenda sin defecto y un sacerdote que empezó por su propia falta. Ayúdame a tomar en serio los días en que me llamas a acercarme, y a hacer con fidelidad lo que me toca, aunque sea sencillo y repetido. Que en Jesucristo, que se ofreció por nosotros, encuentre tu paz. Amén.

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