Juicio y misericordia
Dios no ignora el mal y sabe librar a los suyos
Lectura · 2 Pedro 2:1-15
1PERO hubo también falsos profetas en el pueblo, como habrá entre vosotros falsos doctores, que introducirán encubiertamente herejías de perdición, y negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos perdición acelerada.
2Y muchos seguirán sus disoluciones, por los cuales el camino de la verdad será blasfemado;
3Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas; sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme.
4Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio;
5Y si no perdonó al mundo viejo, mas guardó á Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados;
6Y si condenó por destrucción las ciudades de Sodoma y de Gomorra, tornándolas en ceniza, y poniéndolas por ejemplo á los que habían de vivir sin temor y reverencia de Dios;
7Y libró al justo Lot, acosado por la nefanda conducta de los malvados;
8(Porque este justo, con ver y oir, morando entre ellos, afligía cada día su alma justa con los hechos de aquellos injustos;)
9Sabe el Señor librar de tentación á los píos, y reservar á los injustos para ser atormentados en el día del juicio;
10Y principalmente á aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia é inmundicia, y desprecian la potestad; atrevidos, contumaces, que no temen decir mal de las potestades superiores:
11Como quiera que los mismos ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor.
12Mas éstos, diciendo mal de las cosas que no entienden, como bestias brutas, que naturalmente son hechas para presa y destrucción, perecerán en su perdición,
13Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que reputan por delicia poder gozar de deleites cada día. Estos son suciedades y manchas, los cuales comiendo con vosotros, juntamente se recrean en sus errores;
14Teniendo los ojos llenos de adulterio, y no saben cesar de pecar; cebando las almas inconstantes; teniendo el corazón ejercitado en codicias, siendo hijos de maldición;
15Que han dejado el camino derecho, y se han extraviado, siguiendo el camino de Balaam, hijo de Bosor, el cual amó el premio de la maldad.
«Sabe el Señor librar de tentación á los píos». Esa frase llega como un respiro en medio de un texto pesado. Antes, Pedro ha recordado tres historias: unos ángeles que pecaron y fueron entregados a cadenas de oscuridad, reservados para el juicio; el mundo viejo, al que Dios no perdonó, aunque guardó a Noé con otras siete personas; y Sodoma y Gomorra, convertidas en ceniza. En medio de ellas aparece un hombre, Lot, al que el texto llama justo. Los píos, hoy diríamos los que honran a Dios, son a quienes el Señor sabe rescatar.
Son escenas duras, y el texto no las suaviza. Aquí muestran algo de Dios: el mal no le es indiferente. Pedro dice que, para quienes dañan a otros con falsedad, la condena decretada hace tiempo no se atrasa y «su perdición no se duerme». Lo que parece tardanza no es sueño. El mismo Dios que ve lo que se hace a escondidas es el que guarda a quienes lo honran, y las dos cosas aparecen juntas en la misma página.
¿Quiénes son esos a quienes Pedro se refiere? Falsos maestros que, dice, «introducirán encubiertamente herejías de perdición», es decir, enseñanzas torcidas metidas a escondidas. Muchos siguen su vida sin freno; por avaricia hacen negocio de la gente con palabras fingidas; niegan «al Señor que los rescató». Tienen los ojos llenos de adulterio y el corazón entrenado en la codicia. Dejaron el camino derecho y siguieron el de Balaam, que «amó el premio de la maldad».
En medio de tanta oscuridad está Lot. El texto lo llama justo y dice algo que conviene notar: que con lo que veía y oía a su alrededor «afligía cada día su alma justa». No se acostumbró: cada día le dolía. Y Dios lo libró. De Noé dice que anunciaba la justicia en un mundo de malvados, y también lo guardó.
Hoy los falsos maestros no siempre se ven como tales. A veces son voces que usan palabras de fe para vender esperanza a cambio de algo. El pasaje no pide vivir con sospecha, pero sí abrir los ojos ante quien convierte a las personas en negocio. Y a quienes viven entre lo que duele, como Lot, les muestra que sentir ese dolor no es una falla; el texto lo cuenta entre los rasgos de un justo.
Detrás de todas estas escenas hay un Dios que no mira a otro lado ante el mal, que no confunde al justo con el injusto y que sabe cómo rescatar a los suyos. Ni la altura de los ángeles ni el tamaño del mundo viejo lo detuvieron, y ni Noé ni Lot quedaron fuera de su vista. Ese es el Dios de este texto: justo con el mal y fiel con quienes le pertenecen.
Para vivirlo hoy
Aparta cinco minutos hoy, sin pantallas ni ruido. Lee despacio, tres veces, «Sabe el Señor librar de tentación». Que cada lectura sea más lenta que la anterior, y después quédate en silencio, sin pedir nada, solo escuchando esa frase. Vuelve a ella cuando el día se ponga pesado.
Para meditar
- ¿Qué te muestra este pasaje de un Dios que no es indiferente al mal y a la vez sabe rescatar a quien le honra?
- ¿Qué situación a tu alrededor te duele cada día, como le dolía a Lot, y cómo podrías llevarla a Dios hoy?
- ¿Qué voces te piden confianza o dinero a cambio de palabras bonitas, y cómo podrías examinarlas con calma?
Oración
«Libró al justo Lot», dice tu Palabra, y hoy te pido saber lo mismo de ti: que sabes cuidar a los tuyos en medio de lo que duele. Dios justo y fiel, tú ves el mal y no lo dejas pasar. Guárdame de acostumbrarme a lo que hiere y de creer palabras que solo buscan sacarme algo. Recuérdame que lo que parece tardanza no es sueño en ti. Cuídame como cuidaste a Noé. Amén.