Fe y confianza
Dios no deja a los suyos en manos de quien los acecha
Lectura · Salmos 37:29-40
29Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.
30La boca del justo hablará sabiduría; y su lengua proferirá juicio.
31La ley de su Dios está en su corazón; por tanto sus pasos no vacilarán.
32Acecha el impío al justo, y procura matarlo.
33Jehová no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren.
34Espera en Jehová, y guarda su camino, y él te ensalzará para heredar la tierra: cuando serán talados los pecadores, lo verás.
35Vi yo al impío sumamente ensalzado, y que se extendía como un laurel verde.
36Empero pasóse, y he aquí no parece; y busquélo, y no fué hallado.
37Considera al íntegro, y mira al justo: que la postrimería de cada uno de ellos es paz.
38Mas los transgresores fueron todos á una destruídos: la postrimería de los impíos fué talada.
39Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de angustia.
40Y Jehová los ayudará, y los librará: y libertarálos de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron.
Dios no entrega a los suyos en manos de quienes los acechan. Esto es lo que afirma este salmo, y lo dice sin esconder el peligro: «Acecha el impío al justo, y procura matarlo». Es una frase dura, y el salmo la deja tal cual. Pero enseguida responde: «Jehová no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren». Es decir, aunque otros lo juzguen, Dios no lo condena. El salmo pone a Dios entre el que acecha y el que es acechado.
Antes de eso, el salmo muestra a quien Dios cuida: su boca dice sabiduría, y por dentro guarda esto: «La ley de su Dios está en su corazón; por tanto sus pasos no vacilarán». Vacilar es tambalearse. Una manera de leerlo es como alguien que no está libre de fallas, pero sí tiene dónde apoyar el pie: lo que Dios dijo, guardado adentro. De esa persona el salmo dice que heredará la tierra y vivirá en ella para siempre.
La tierra, en este salmo, es el regalo concreto que Dios dio a Israel, y el salmo insiste en que se hereda: no se arrebata, se recibe. Hoy no lo leemos como promesa de una propiedad ni de éxito, sino como una muestra de cómo es Dios: cuida que los suyos no queden sin lugar. Y lo que se pide es doble: esperar en Jehová y guardar su camino. Ni correr por delante de Dios ni cruzarse de brazos.
El salmista cuenta lo que vio: «Vi yo al impío sumamente ensalzado, y que se extendía como un laurel verde». Un árbol frondoso, que parecía no acabarse. Y sigue: «Empero pasóse, y he aquí no parece; y busquélo, y no fué hallado». Empero quiere decir pero, y no parece, no aparece. Habla con dureza del final de quienes hacen daño y no lo suaviza, pero léelo como una palabra para quien sufre, no como una amenaza para nadie: lo que hoy parece firme puede no durar.
Luego viene la razón de la calma: «Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de angustia». No dice que la fortaleza sea del justo. Dice que es de Jehová. El salmo mira el final de cada camino, y el de los íntegros es la paz. Los cristianos vemos esa salvación puesta en una persona: el nombre de Jesús quiere decir Jehová salva.
Hoy este salmo nos toca en la espera: la respuesta que no llega, el trámite que se alarga, la persona a quien todo parece salirle fácil mientras uno hace lo correcto y nada avanza. El salmo no pide dejar de ver eso. Pide poner la espera en otro lugar, y seguir andando derecho mientras Dios hace lo suyo. Y tú, ¿en quién estás esperando hoy?
Para vivirlo hoy
Elige una frase de este salmo, por ejemplo «Espera en Jehová, y guarda su camino». Léela despacio tres veces y quédate un minuto en silencio, sin pedir nada, solo con la frase. Si te distraes, vuelve a ella. Puedes repetirla en la fila, en el bus o mientras esperas una respuesta.
Para meditar
- ¿Qué situación me tienta hoy a mirar solo al que parece salirse con la suya?
- ¿Qué significa, en mi semana concreta, esperar en Jehová sin cruzarme de brazos?
- ¿Qué hay guardado en mi corazón que me da dónde apoyar el pie cuando tiemblo?
Oración
¡Qué firme es tu mano, Dios nuestro, que no dejas a los tuyos en poder de quienes los acechan! Gracias porque tu salvación no depende de mi fuerza y porque eres fortaleza en el tiempo de angustia. Enséñame a esperar sin correr por delante de ti y sin cruzarme de brazos. Guarda tu palabra dentro de mí, para que mis pasos tengan dónde apoyarse. Y cuando algo parezca firme y luego no lo sea, recuérdame que solo tú permaneces. Amén.