Temor de Dios
Coronas que cambian de cabeza y una mirada que no se aparta
Lectura · 1 Reyes 16:17-33
17Y subió Omri de Gibbethón, y con él todo Israel, y cercaron á Thirsa.
18Mas viendo Zimri tomada la ciudad, metióse en el palacio de la casa real, y pegó fuego á la casa consigo: así murió,
19Por sus pecados que él había cometido, haciendo lo malo á los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en su pecado que cometió, haciendo pecar á Israel.
20Los demás hechos de Zimri, y su conspiración que formó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
21Entonces el pueblo de Israel fué dividido en dos partes: la mitad del pueblo seguía á Thibni hijo de Gineth, para hacerlo rey: y la otra mitad seguía á Omri.
22Mas el pueblo que seguía á Omri, pudo más que el que seguía á Thibni hijo de Gineth; y Thibni murió, y Omri fué rey.
23En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó á reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años: en Thirsa reinó seis años.
24Y compró él de Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte: y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, señor que fué de aquel monte.
25Y Omri hizo lo malo á los ojos de Jehová, é hizo peor que todos los que habían sido antes de él:
26Pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar á Israel, provocando á ira á Jehová Dios de Israel con sus ídolos.
27Lo demás de los hechos de Omri, y todas las cosas que hizo, y sus valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
28Y Omri durmió con sus padres, y fué sepultado en Samaria; y reinó en lugar suyo Achâb, su hijo.
29Y comenzó á reinar Achâb hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá.
30Y reinó Achâb hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Achâb hijo de Omri hizo lo malo á los ojos de Jehová sobre todos los que fueron antes de él;
31Porque le fué ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer á Jezabel hija de Ethbaal rey de los Sidonios, y fué y sirvió á Baal, y lo adoró.
32E hizo altar á Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria.
33Hizo también Achâb un bosque; y añadió Achâb haciendo provocar á ira á Jehová Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que antes de él habían sido.
Un asedio, un palacio en llamas y una corona que cambia de cabeza: así de rápido corre este pasaje. En medio de la prisa, el relato se detiene tres veces para decir lo mismo. De Zimri, de Omri y de Acab anota que hicieron «lo malo á los ojos de Jehová». Los reyes van y vienen, se toman ciudades y se levantan otras, y a cada uno el pasaje lo mide por lo que ocurrió delante de Dios. Es una mirada que no se deja impresionar por los resultados.
Los hechos van así. Omri sube de Gibbethón con todo Israel y cercan Tirsa. Zimri ve la ciudad tomada, entra en el palacio, prende fuego a la casa con él adentro y muere así. Después el pueblo se parte en dos, una mitad con Thibni y otra con Omri, hasta que Thibni muere y Omri es rey. Reina doce años, seis de ellos en Tirsa, y deja algo que dura: compra a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata y edifica allí una ciudad.
Lo que sigue es grave. De Omri dice que «hizo peor que todos los que habían sido antes de él». Su hijo Acab reina veintidós años, se casa con Jezabel, hija del rey de los sidonios, y «sirvió á Baal, y lo adoró». Además levanta un altar a Baal en un templo que él mismo edifica en Samaria. Aquí se cuenta a un rey que entregó a otro dios la adoración que solo le corresponde al Dios de Israel, y el pasaje no lo presenta como un detalle.
El relato dice que Omri, con sus ídolos, provocó la ira de Jehová, y que Acab la provocó todavía más que todos los reyes de Israel anteriores. Aun así, el texto sigue llamándolo «Jehová Dios de Israel». Ese nombre no cambia, aunque el pueblo lo cambie por ídolos. Y eso muestra algo importante: no es un Dios que mira desde lejos ni le da lo mismo a quién se adora. Le importa cómo vive su pueblo y a quién entrega el corazón.
Al hablar de Acab, el versículo 31 dice que a él «le fué ligera cosa» andar en los pecados de Jeroboam, es decir, le pareció poca cosa. Una manera de leerlo: lo que parece ligero pesa cada vez menos, y así lleva más lejos de lo que uno pensaba. Conviene separar las cosas: una excusa repetida no es un templo a Baal, y no se trata de vivir con escrúpulo por cada tropiezo. Pero sí vale detenerse, con calma, ante lo que ya no nos incomoda, porque nadie amanece decidido a cambiar de dios.
En esta lista no hay un solo rey al que se pueda mirar sin reproche, y ahí se entiende por qué necesitamos a Jesús: el Rey que vivió sin apartarse de la voluntad del Padre y que ofrece esa vida a quienes confían en Él. Con él, volver no es una humillación, sino una puerta abierta. ¿Qué cosa pequeña de tu día merece hoy una mirada despacio, delante de Dios?
Para vivirlo hoy
Piensa en una costumbre pequeña que hoy ya no te incomoda y ponla delante de Dios en una oración de un minuto. Pregúntale qué ve él en ella y quédate en silencio un momento. Si algo te queda claro, anótalo en una línea. No hace falta resolverlo todo hoy; basta con haberla mirado despacio y haberle pedido ayuda.
Para meditar
- ¿Qué pequeña concesión de los últimos meses ya no te incomoda, y cómo era cuando todavía te pesaba?
- ¿Qué ocupa hoy más lugar en tu día que lo que Dios ha dicho, y qué te gustaría ajustar?
- ¿Qué cambia en ti saber que Jesús vivió delante del Padre lo que nosotros no logramos vivir?
Oración
Tu mirada no se distrae. En medio de asedios, fuego y coronas que cambian de dueño, tú ves lo que de verdad ocurre. Gracias porque sigues siendo el Dios de Israel aunque tu pueblo te haya dejado, y porque en Jesús tenemos un Rey que vivió sin apartarse de ti y que recibe a quien vuelve. Ayúdanos a no tener por liviano lo que a ti te importa, y a regresar a ti cuando nos hayamos apartado. Amén.