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Juicio y misericordia

Bondad y severidad de Dios: ramas injertadas en el buen olivo

Lectura · Romanos 11:21-36

21Que si Dios no perdonó á las ramas naturales, á ti tampoco no perdone.

22Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado.

23Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán ingeridos; que poderoso es Dios para volverlos á ingerir.

24Porque si tú eres cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste ingerido en la buena oliva, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán ingeridos en su oliva?

25Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles;

26Y luego todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad;

27Y este es mi pacto con ellos, cuando quitare su pecados.

28Así que, cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros: mas cuanto á la elección, son muy amados por causa de los padres.

29Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios.

30Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis á Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por la incredulidad de ellos;

31Así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32Porque Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.

33¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, é inescrutables sus caminos!

34Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero?

35¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado?

36Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén.

Romanos 11:21-36

«Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios». Con esa frase Pablo detiene a los creyentes que no son de origen judío y les pone delante un olivo. A ese árbol pertenecen las ramas naturales, y algunas han sido cortadas. Una rama de olivo silvestre, en cambio, ha sido injertada en el buen olivo, dice el texto, en contra de su naturaleza. Esa rama no llegó allí por lo que ella fuera: llegó porque alguien la injertó.

El pasaje no suaviza nada. Habla de la severidad de Dios con los que cayeron y advierte que también la rama injertada puede ser cortada si no permanece en su bondad. No está escrito para asustar, sino para que nadie se sienta dueño del árbol. Y la escena no termina en el corte: de las ramas cortadas dice que si no permanecen en incredulidad serán injertadas otra vez, porque «poderoso es Dios para volverlos á ingerir». Ingerir, palabra antigua, es injertar.

Pablo llama misterio a lo que sigue, y no quiere que se ignore para que nadie se crea más de lo que es. Habla de un endurecimiento en parte sobre Israel y de un Libertador que vendrá de Sión a quitar la impiedad de Jacob; quienes seguimos a Jesús lo reconocemos en ese Libertador. Y añade algo que consuela: son «muy amados por causa de los padres», es decir, de los antepasados del pueblo. Dios no da marcha atrás en lo que da ni en su llamado.

Luego Pablo pone a todos en el mismo lugar. Los no judíos no creían y han alcanzado misericordia; los otros ahora no han creído, y el propósito que Pablo ve es que también ellos la alcancen. Lo resume así: «Dios encerró á todos en incredulidad, para tener misericordia de todos». Quien lleva años en la fe y quien apenas empieza, quien parece lejos y quien lo mira: todos están en el terreno de la misericordia.

Entonces Pablo se detiene a alabar. Habla de la profundidad de la sabiduría y de la ciencia de Dios, y de que sus caminos no se alcanzan del todo. Pregunta quién fue su consejero, y también: «¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado?». La respuesta que deja el texto es que nadie. Dios no le debe nada a nadie, y todo es regalo. Eso libera de dos cargas: la de entenderlo todo y la de tener que pagarle.

Hoy, entre cuentas pendientes y respuestas que faltan, es un alivio que Pablo no cierre con una explicación sino con una adoración. Lo que no se entiende se puede entregar a quien nadie aconsejó, sin fingir que ya todo encaja. Y deja escrita la frase que sostiene todo lo anterior: «Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas».

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien que te acercó a Dios o que hoy te ayuda a seguir creyendo. En menos de diez minutos, escríbele un mensaje corto de gratitud, con una cosa concreta que le agradeces, sin pedir nada a cambio. Envíalo hoy, tal como salga; no hace falta que sea largo ni esté bien escrito.

Para meditar

  • Pablo describe a los creyentes como ramas injertadas y no como dueños del árbol. ¿Qué te recuerda esa imagen sobre cómo llegaste a Dios?
  • ¿A quién sueles mirar con distancia en cuestiones de fe, y qué cambiaría si recordaras que Dios quiere tener misericordia de todos?
  • ¿Qué parte de tu vida te gustaría entender del todo, y qué significaría dejarla hoy en manos de un Dios cuyos caminos no alcanzamos?

Oración

«Poderoso es Dios» para volver a unir lo que se cortó, y hoy me apoyo en eso, Padre. Gracias porque tu misericordia no se gana ni se cobra, y porque nadie te dio primero: todo lo que tengo viene de ti. Guárdame de la arrogancia y ayúdame a permanecer en tu bondad. Ten misericordia de las personas que amo y que hoy siento lejos de ti, y también de mí. Tuya sea la gloria por siempre. Amén.

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