Juicio y misericordia
Una comida, una orden de sepultura y una palabra cumplida en Jezreel
Lectura · 2 Reyes 9:29-37
29En el undécimo año de Joram hijo de Achâb, comenzó á reinar Ochôzías sobre Judá.
30Vino después Jehú á Jezreel: y como Jezabel lo oyó, adornó sus ojos con alcohol, y atavió su cabeza, y asomóse á una ventana.
31Y como entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien á Zimri, que mató á su señor?
32Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién es conmigo? ¿quién? Y miraron hacia él dos ó tres eunucos.
33Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron: y parte de su sangre fué salpicada en la pared, y en los caballos; y él la atropelló.
34Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora á ver aquella maldita, y sepultadla; que es hija de rey.
35Empero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
36Y volvieron, y dijéronselo. Y él dijo: La palabra de Dios es ésta, la cual él habló por mano de su siervo Elías Thisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel.
37Y el cuerpo de Jezabel fué cual estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel; de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.
Entre la caída de Jezabel y su sepultura hay una comida. Jehú entra, come y bebe, y solo después dice: «Id ahora á ver aquella maldita, y sepultadla; que es hija de rey.» El texto no comenta nada de esa mesa ni de ese orden; lo cuenta y sigue. Pero ese detalle obliga a mirar despacio una escena que suele leerse de prisa. Hay violencia y hay juicio, y en medio hay una orden de dar sepultura a alguien por lo que era: hija de rey.
Los hechos son estos. Jehú llegó a Jezreel. Jezabel se pintó los ojos, se arregló la cabeza y se asomó a una ventana. Cuando él cruzaba la puerta, ella dijo: «¿Sucedió bien á Zimri, que mató á su señor?» El texto no dice qué buscaba con esa pregunta. Jehú alzó el rostro hacia la ventana: «¿Quién es conmigo? ¿quién?» Dos o tres servidores de palacio se asomaron, y él ordenó: «Echadla abajo.» Ellos la echaron. La escena es dura y el texto no la suaviza: su sangre salpicó la pared y los caballos, y Jehú pasó sobre ella.
Cuando fueron a sepultarla, ya casi no quedaba nada de ella. Volvieron a contárselo, y Jehú dijo: «La palabra de Dios es ésta, la cual él habló por mano de su siervo Elías Thisbita». Lo ocurrido se presenta como cumplimiento de algo dicho antes: en la heredad de Jezreel, los perros comerían las carnes de Jezabel. Aquí Dios se muestra como quien cumple lo que dice, aunque parezca que el poder de alguien lo vuelve intocable. Y del lugar quedó tan poco que nadie podía decir: «Esta es Jezabel».
Esta escena no es un modelo para tratar a nadie hoy ni una amenaza para nadie; cuenta lo que ocurrió con una casa real en un momento de la historia de Israel. Con las historias de daño solemos ir a los extremos: o las cerramos de prisa, como si nada hubiera pasado, o queremos justicia rápida y sin preguntas. Dentro del juicio, este texto guarda un gesto de respeto por quien ella era. Eso deja algo sencillo para hoy: se puede desear justicia sin dejar de tratar a las personas como personas.
El evangelio no le quita peso a escenas como esta. Cuenta que en la cruz de Cristo el juicio de Dios y su misericordia se encontraron, y que él cargó con lo que nosotros no podríamos cargar. Quien lo sabe puede leer este pasaje sin ligereza y sin dureza. ¿Qué cambiaría en tu día si miraras a cada persona que cruzas como alguien que importa?
Para vivirlo hoy
Piensa en una persona concreta de tu día a día a quien sueles tratar de prisa: un compañero, un vecino, alguien de tu familia. Hoy dile su nombre, pregúntale cómo está y escucha la respuesta completa, sin mirar el teléfono ni apurar el final. Con un par de minutos alcanza.
Para meditar
- ¿Qué detalle de esta escena te llama más la atención, y qué te dice sobre cómo actúa Dios cuando su palabra se cumple?
- ¿Cómo puedes desear justicia en algo que te duele sin dejar de ver como personas a los involucrados?
- ¿A quién de tu entorno podrías escuchar hoy con más calma de la que sueles darle?
Oración
¡Cuán firme es tu palabra: lo que dijiste por medio de Elías se cumplió en Jezreel, hasta el último detalle! Nos asombra y nos sobrecoge que tu justicia alcance también a los poderosos. Cuando leo escenas así, líbrame de la ligereza y de la dureza, y enséñame a pedir justicia sin perder el respeto por ninguna persona. Gracias porque en Cristo tu justicia y tu misericordia se encuentran. Dame hoy una mirada atenta para quienes cruzo en mi camino, y tiempo para escucharlos. Amén.