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Gracia y perdón

Un perseguidor recibido a misericordia

Lectura · 1 Timoteo 1:1-19

1PABLO, apóstol de Jesucristo por la ordenación de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo, nuestra esperanza;

2A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.

3Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando partí para Macedonia, para que requirieses á algunos que no enseñen diversa doctrina,

4Ni presten atención á fábulas y genealogías sin término, que antes engendran cuestiones que la edificación de Dios que es por fe; así te encargo ahora.

5Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida:

6De lo cual distrayéndose algunos, se apartaron á vanas pláticas;

7Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman.

8Sabemos empero que la ley es buena, si alguno usa de ella legítimamente;

9Conociendo esto, que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,

10Para los fornicarios, para los sodomitas, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros, y si hay alguna otra cosa contraria á la sana doctrina;

11Según el evangelio de la gloria del Dios bendito, el cual á mí me ha sido encargado.

12Y doy gracias al que me fortificó, á Cristo Jesús nuestro Señor, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio:

13Habiendo sido antes blasfemo y perseguidor é injuriador: mas fuí recibido á misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad.

14Mas la gracia de nuestro Señor fué más abundante con la fe y amor que es en Cristo Jesús.

15Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

16Mas por esto fuí recibido á misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna.

17Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

18Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que, conforme á las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia;

19Manteniendo la fe y buena conciencia, la cual echando de sí algunos, hicieron naufragio en la fe:

1 Timoteo 1:1-19

«Gracia, misericordia y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor.» Así saluda Pablo a Timoteo, a quien llama verdadero hijo en la fe. Pablo había partido para Macedonia y le había rogado a Timoteo que se quedara en Éfeso. Ahora le escribe para sostenerlo allí con un encargo claro y una razón para no soltar lo que cree.

El encargo tiene dos caras. Timoteo debe pedir a algunos que no enseñen otra doctrina ni presten atención a «fábulas y genealogías sin término», que producen más discusiones que crecimiento. Y Pablo dice cuál es la meta: «el fin del mandamiento es la caridad», palabra que aquí quiere decir amor, nacido de corazón limpio, de buena conciencia y de fe sin fingimiento. Algunos se distrajeron de esa meta y quisieron ser maestros de la ley sin entender lo que afirmaban.

Pablo no desprecia la ley: «la ley es buena, si alguno usa de ella legítimamente». Y nombra a quienes va dirigida: desobedientes, impíos, mentirosos, los que juran en falso, los que matan a sus padres, los homicidas, los ladrones de personas y los que viven en inmoralidad sexual. La lista es dura y el texto no la suaviza. Deja ver que a Dios no le da igual el daño que las personas se hacen entre sí.

Entonces Pablo habla de sí mismo, y su voz cambia. Da gracias a Cristo Jesús por haberlo fortalecido, por tenerlo por fiel y por ponerlo en el ministerio, que es un servicio. No esconde su pasado: fue «blasfemo y perseguidor é injuriador». Habló mal de Dios y maltrató a otros. Aun así fue recibido a misericordia, porque lo hizo con ignorancia, en incredulidad, y la gracia fue «más abundante con la fe y amor que es en Cristo Jesús».

En el centro de todo hay una frase: «Palabra fiel y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores, de los cuales yo soy el primero.» Pablo se pone al comienzo de la fila de los que necesitaban ser salvados, y allí mismo señala a Cristo, que vino a salvarlos. Dice que recibió misericordia para que Jesucristo mostrase en él toda su clemencia, como ejemplo para los que creerían después.

Hoy también hay conversaciones que dan vueltas sin llegar a ninguna parte, y personas que sienten su pasado más grande que la gracia. A ambas les habla este pasaje. Pablo le pide a Timoteo que mantenga la fe y la buena conciencia, que otros dejaron naufragar. Y al final alaba: «al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios». Rey de siglos quiere decir Rey de todos los tiempos. Ese es Dios: no muere, no se ve, es el único sabio, y recibe a un perseguidor, lo fortalece y lo pone a servir.

Para vivirlo hoy

Esta noche, antes de dormir, lee en voz baja el versículo 15 y añade una sola frase de gratitud por algo que Cristo Jesús ha hecho contigo, por pequeño que te parezca. Repite este gesto en los próximos tres días. No hace falta escribir mucho ni buscar palabras bonitas. Se trata de dejar que la gracia tenga la última palabra del día.

Para meditar

  • ¿En qué conversaciones de tu semana pesan más los argumentos que el amor, y qué pequeño cambio podrías intentar?
  • ¿Qué cambia en ti al saber que Pablo, con su pasado, recibió misericordia y quedó como ejemplo para otros?
  • ¿Qué cosas te ayudan a mantener la fe y la buena conciencia, y cuáles las ponen en riesgo?

Oración

Jesús, tú viniste al mundo para salvar a los pecadores, y a un perseguidor lo recibiste a misericordia. Gracias porque tu gracia es más abundante que cualquier pasado. Enséñame a amar desde un corazón limpio, con buena conciencia y con fe sin fingimiento. Fortaléceme, como fortaleciste a Pablo, para servir donde me has puesto, y guárdame de las palabras que no edifican a nadie. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible y sabio, sea el honor y la gloria por siempre. Amén.

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