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Liderazgo y responsabilidad

Nob, la matanza y el refugio que ofrece David

Lectura · 1 Samuel 22:15-23

15¿He comenzado yo desde hoy á consultar por él á Dios? lejos sea de mí: no impute el rey cosa alguna á su siervo, ni á toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este negocio, grande ni chica.

16Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelech, tú y toda la casa de tu padre.

17Entonces dijo el rey á la gente de su guardia que estaba alrededor de él: Cercad y matad á los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos es con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo descubrieron. Mas los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar á los sacerdotes de Jehová.

18Entonces dijo el rey á Doeg: Vuelve tú, y arremete contra los sacerdotes. Y revolviéndose Doeg Idumeo, arremetió contra los sacerdotes, y mató en aquel día ochenta y cinco varones que vestían ephod de lino.

19Y á Nob, ciudad de los sacerdotes, puso á cuchillo: así á hombres como á mujeres, niños y mamantes, bueyes y asnos y ovejas, todo á cuchillo.

20Mas uno de los hijos de Ahimelech hijo de Ahitob, que se llamaba Abiathar, escapó, y huyóse á David.

21Y Abiathar notició á David como Saúl había muerto los sacerdotes de Jehová.

22Y dijo David á Abiathar: Yo sabía que estando allí aquel día Doeg el Idumeo, él lo había de hacer saber á Saúl. Yo he dado ocasión contra todas las personas de la casa de tu padre.

23Quédate conmigo, no temas: quien buscare mi vida, buscará también la tuya: bien que tú estarás conmigo guardado.

1 Samuel 22:15-23

Ahimelec, el sacerdote, acaba de responder al rey que no sabe nada de aquel asunto: «tu siervo ninguna cosa sabe de este negocio, grande ni chica». Saúl le contesta con una sentencia: «Sin duda morirás, Ahimelech, tú y toda la casa de tu padre». Luego ordena a su guardia matar a los sacerdotes de Jehová, y el texto guarda un detalle: «los siervos del rey no quisieron extender sus manos».

Entonces el rey se vuelve hacia Doeg, el edomita, y le ordena atacar a los sacerdotes. Doeg mata aquel día a ochenta y cinco hombres «que vestían ephod de lino», una vestidura propia de los sacerdotes. Después pasa a cuchillo Nob, la ciudad de los sacerdotes: hombres y mujeres, niños y bebés de pecho, y hasta los bueyes, los asnos y las ovejas. Es una matanza, y el texto la cuenta sin suavizarla y sin explicarla.

En medio de tanta sombra, el pasaje deja ver tres respuestas. Los soldados dijeron no con las manos quietas, y ese gesto vale: hay órdenes que no se cumplen, venga de quien venga. Abiatar, uno de los hijos de Ahimelec, escapó y huyó hacia David, y le contó que Saúl había matado a los sacerdotes de Jehová. La tercera respuesta es la de David, y llega enseguida.

David recuerda que aquel día, cuando Doeg estaba allí, supo que se lo contaría a Saúl. Y dice: «Yo he dado ocasión contra todas las personas de la casa de tu padre», con lo que quiere decir que él fue causa de que aquello cayera sobre la familia de Abiatar. La culpa de la matanza es de Saúl, que la ordenó, y de Doeg, que la llevó a cabo; David no se la echa encima, solo reconoce la parte que sí le tocaba. Un líder también es quien mira su parte con verdad.

Luego David le dice a Abiatar: «Quédate conmigo, no temas». Le explica que quien busque su vida buscará también la de Abiatar, y que junto a él estará guardado, es decir, protegido. Le ofrece lo que tiene: un lugar al lado de alguien a quien también persiguen. Esto no explica por qué ocurren las matanzas, y el pasaje no lo pretende. Para quien conoce el Nuevo Testamento, esa puerta abierta recuerda a Jesús, descendiente de David, presentado allí como refugio de los que sufren.

Hoy puede haber cerca de ti alguien que llega como Abiatar: con algo terrible a cuestas y sin palabras para contarlo. Quien ha vivido una violencia o una pérdida así no tiene por qué cargarla a solas; le hace bien contarla a un pastor o a una persona de confianza y, si aparece el riesgo de hacerse daño, buscar ayuda profesional sin demora. Y David deja un gesto sencillo: hacer sitio. ¿A quién puedes abrirle hoy un lugar a tu lado?

Para vivirlo hoy

Busca hoy cinco minutos sin pantallas. Lee despacio, dos o tres veces, esta frase de David: «Quédate conmigo, no temas». Léela primero como dicha a Abiatar, que llegaba con la noticia de la matanza, y luego quédate un minuto en silencio con ella, como quien recibe una invitación.

Para meditar

  • ¿En qué situación de tu entorno necesitas decir no, aunque la orden o la presión venga de alguien con autoridad?
  • ¿Qué puedes aprender de David, que reconoció su parte sin echarse encima la culpa que era de otros?
  • ¿Quién necesita hoy que le digas «Quédate conmigo, no temas» con hechos y no solo con palabras?

Oración

Jesús, hijo de David, recibe hoy a los que llegan heridos, y dime a mí lo que David dijo a Abiatar: «Quédate conmigo, no temas». Dame el valor de aquellos siervos que no quisieron levantar su mano contra inocentes. Enséñame a reconocer con verdad lo que me toca cuando algo sale mal, sin esconderme y sin cargar con lo que no es mío. Sostén a quien cargue hoy con una pérdida que no sabe explicar, y hazme una puerta abierta para alguien que no tenga adónde ir. Amén.

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