Juicio y misericordia
Nínive refuerza sus muros, pero Dios ya está frente a ella
Lectura · Nahum 3:1-18
1¡AY de la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse de ella el pillaje!
2Sonido de látigo, y estruendo de movimiento de ruedas; y caballo atropellador, y carro saltador;
3Caballero enhiesto, y resplandor de espada, y resplandor de lanza; y multitud de muertos, y multitud de cadáveres; y de sus cadáveres no habrá fin, y en sus cadáveres tropezarán:
4A causa de la multitud de las fornicaciones de la ramera de hermosa gala, maestra de brujerías, que vende las gentes con sus fornicaciones, y los pueblos con sus hechizos.
5Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos, y descubriré tus faldas en tu cara, y mostraré á las gentes tu desnudez, y á los reinos tu vergüenza.
6Y echaré sobre ti suciedades, y te afrentaré, y te pondré como estiércol.
7Y será que todos los que te vieren, se apartarán de ti, y dirán: Nínive es asolada: ¿quién se compadecerá de ella? ¿dónde te buscaré consoladores?
8¿Eres tú mejor que No-amón, que estaba asentada entre ríos, cercada de aguas, cuyo baluarte era la mar, y del mar su muralla?
9Etiopía era su fortaleza, y Egipto sin límite; Put y Libia fueron en tu ayuda.
10También ella fué llevada en cautiverio: también sus chiquitos fueron estrellados en las encrucijadas de todas las calles; y sobre sus varones echaron suertes, y todos sus magnates fueron aprisionados con grillos.
11Tú también serás embriagada, serás encerrada; tú también buscarás fortaleza á causa del enemigo.
12Todas tus fortalezas cual higueras con brevas; que si las sacuden, caen en la boca del que las ha de comer.
13He aquí, tu pueblo será como mujeres en medio de ti: las puertas de tu tierra se abrirán de par en par á tus enemigos: fuego consumirá tus barras.
14Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, fortifica el horno.
15Allí te consumirá el fuego, te talará la espada, te devorará como pulgón: multiplícate como langosta, multiplícate como langosta.
16Multiplicaste tus mercaderes más que las estrellas del cielo: el pulgón hizo presa, y voló.
17Tus príncipes serán como langostas, y tus grandes como langostas de langostas que se sientan en vallados en día de frío: salido el sol se mudan, y no se conoce el lugar donde estuvieron.
18Durmieron tus pastores, oh rey de Asiria, reposaron tus valientes: tu pueblo se derramó por los montes, y no hay quien lo junte.
En medio de la sentencia contra Nínive hay una orden que suena a consejo de albañil: «Provéete de agua para el cerco, fortifica tus fortalezas; entra en el lodo, pisa el barro, fortifica el horno». Provéete quiere decir abastécete, y el cerco es el asedio, cuando el enemigo rodea la ciudad. Y la frase siguiente empieza con una sola palabra que lo cambia todo: «Allí te consumirá el fuego».
Antes de esa orden, el capítulo describe a la ciudad por lo que hace. Es «la ciudad de sangres, toda llena de mentira y de rapiña», y rapiña quiere decir robo con violencia. Luego aparecen el látigo, los carros, la espada y la lanza, y una «multitud de muertos» tan grande que se tropieza con sus cadáveres. El texto no maquilla la guerra. También muestra a una mujer de hermosa gala que vende pueblos con sus hechizos, imagen de un imperio que seduce y luego negocia con la gente.
En el centro del capítulo hay una declaración: «Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos». Hoy diríamos: aquí estoy, contra ti. Dios no mira desde lejos. Se pone frente a la ciudad que hizo de la sangre y la mentira su costumbre. Quienes la vean caída preguntarán: «¿quién se compadecerá de ella?». Es una sentencia dura, pero consuela en algo: la injusticia no queda sin respuesta, y quienes la sufrieron no pasan inadvertidos ante Dios.
Para mostrar que nadie está a salvo, el pasaje mira a otra ciudad: «¿Eres tú mejor que No-amón, que estaba asentada entre ríos, cercada de aguas?». Tenía el agua por muralla y aliados por todas partes, y aun así fue llevada cautiva. El texto cuenta lo más doloroso sin adornos: sus niños pequeños fueron estrellados, es decir, arrojados con violencia, en las esquinas de las calles. Lo pone delante de Nínive como una advertencia.
Todos levantamos murallas: un ahorro, un buen contacto, un cargo, una rutina que nos hace sentir a salvo. Cuidar lo que se ha construido no tiene nada de malo. Lo que el capítulo pone en duda es qué sostiene esa seguridad, sobre todo cuando descansa sobre el daño de otros. Los príncipes de Nínive parecían firmes, pero «no se conoce el lugar donde estuvieron». Y quien lee noticias de guerra o de abuso puede sentir que nadie responde: aquí se nos recuerda que Dios ve.
A la luz del evangelio hay algo más. El Dios que se pone frente al mal es el mismo que, en Jesús, cargó con él en lugar de dejarnos frente a su peso. Por eso podemos pedir justicia para los heridos y reconocer que también necesitamos misericordia. Los pastores de Asiria durmieron, y su pueblo quedó disperso sin nadie que lo juntara. Hoy, cuando algo injusto te pese, nómbralo en voz baja y ponlo en las manos de Dios.
Para vivirlo hoy
Antes de que termine la semana, dedica cada noche un minuto a escribir en una línea una injusticia que conozcas, cercana o lejana. Debajo anota el nombre de alguien a quien afecta y pide a Dios por esa persona con una frase tuya. Después dobla el papel y guárdalo. Se trata de dejar el peso en manos de Dios, no de resolverlo tú.
Para meditar
- ¿Qué murallas, sean ahorros, contactos o prestigio, te dan hoy la sensación de estar a salvo, y qué lugar les das en tu confianza?
- ¿Qué injusticia, cercana o lejana, te cuesta dejar en manos de Dios, y qué haces con esa impaciencia?
- ¿Cómo cambia tu manera de mirar las noticias saber que Dios no observa desde lejos, sino que se pone frente al mal?
Oración
Confieso que a veces prefiero cambiar de tema antes que mirar tanta violencia, y que otras veces quiero devolver el golpe con mis propias manos. También reconozco que mis murallas, mis ahorros, mis contactos y mis costumbres, me dan una calma que debería venir de ti. Dios de los ejércitos, tú te pones frente al mal y no lo dejas sin respuesta. Cuida hoy a quienes sufren una injusticia y enséñame a orar por ellos. Amén.