Amistad y comunidad
El viaje que no se pudo hacer y la alegría que quedó
Lectura · 1 Tesalonicenses 2:18-20
18Por lo cual quisimos ir á vosotros, yo Pablo á la verdad, una vez y otra; mas Satanás nos embarazó.
19Porque ¿cuál es nuestra esperanza, ó gozo, ó corona de que me gloríe? ¿No sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo en su venida?
20Que vosotros sois nuestra gloria y gozo.
Dentro de un plural aparece un nombre propio. El pasaje empieza diciendo «quisimos ir á vosotros», y de pronto quien escribe se señala a sí mismo: «yo Pablo á la verdad», que hoy diríamos yo, Pablo, de veras. Luego añade otro detalle pequeño: «una vez y otra». No habla de un deseo pasajero ni de un único intento. Habla de varias veces. Quien escribe lleva la cuenta de lo que le importa, y lo que le importa aquí no es un proyecto, sino unas personas concretas.
El obstáculo también tiene nombre: «mas Satanás nos embarazó». Esa palabra es de otro tiempo y quiere decir estorbó, puso un estorbo en el camino. El texto no cuenta cómo ocurrió, ni si fue una puerta cerrada, una enfermedad o una oposición. Solo dice que hubo un adversario y que el viaje no se pudo hacer. Es una frase honesta. Pablo no la adorna con una explicación bonita: quiso ir, lo intentó, algo se lo impidió.
Después el tono cambia y llega una pregunta con su respuesta: «¿cuál es nuestra esperanza, ó gozo, ó corona de que me gloríe?» La corona es la imagen de lo que uno lleva con orgullo, y «me gloríe» quiere decir me alegre y me sienta honrado. La respuesta no señala un logro, un edificio ni un plan cumplido: «¿No sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo en su venida?» Su esperanza y su alegría tienen rostro.
Fíjate en lo que el pasaje no dice. No cuenta que el estorbo desapareciera. Hay un camino cerrado y, a la vez, un gozo que sigue en pie. Pablo no necesita el viaje para alegrarse: se alegra porque esas personas existen y están delante de Jesucristo. Quien lee con fe puede ver ahí algo sereno de Dios: los lazos entre quienes le pertenecen no se rompen porque el mapa se interponga.
Todos conocemos algún viaje que no se pudo hacer. Quisiste ir a ver a alguien y el trabajo, un trámite, el cansancio o la distancia no lo permitieron. Un hijo que estudia lejos, una hermana en otra ciudad, alguien de la iglesia al que no ves hace meses. Es fácil pensar que un afecto sin presencia vale menos. El pasaje sugiere otra cosa: el deseo de estar, intentado varias veces, ya es una forma de querer, y la alegría por alguien no se apaga porque el camino esté cerrado.
Y mira dónde termina la frase: en Jesucristo. Pablo ve a esa gente delante de él, no lejos de él. Si están delante de Jesucristo, también quienes no alcanzamos a visitar quedan a su vista. Es como quien lleva en la billetera la foto de los suyos: el camino se alarga, pero la foto no pesa, y se abre en cada parada.
Para vivirlo hoy
Durante tres noches, piensa en una persona a la que quieres ver y no has podido, y termina el día enviándole un mensaje breve con una razón concreta por la que te alegra que exista. No hace falta explicar por qué no has ido. Basta con decirle esa alegría con palabras sencillas.
Para meditar
- ¿Qué persona te viene a la mente cuando piensas en alguien a quien has querido ver una vez y otra, y no has podido?
- Si tuvieras que decir dónde está tu alegría más honda, ¿podrías nombrar personas y no solo logros o planes?
- ¿Qué obstáculo reciente puedes contarle a Dios con la misma franqueza con que Pablo cuenta el suyo?
Oración
Ayúdame a no dar por perdido el afecto que la distancia estorba. Trae a mi mente a quienes no he podido visitar y enséñame a alegrarme por ellos delante de ti. Cuando un camino se cierre, dame la franqueza de decir que quise y no pude, sin endurecerme ni reprocharme. Cuida a esas personas queridas, y haz que mi mayor gozo sean las vidas que has puesto junto a la mía, hoy y siempre. Amén.