La Palabra de Dios
El árbol junto al agua y el tamo que se lleva el viento
Lectura · Salmos 1:1-6
1BIENAVENTURADO el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
2Antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche.
3Y será como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
4No así los malos: sino como el tamo que arrebata el viento.
5Por tanto no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.
6Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá.
Este salmo pone dos vidas una al lado de la otra: un árbol plantado junto a un arroyo y un puñado de tamo que el viento se lleva. El tamo es la cáscara liviana del grano. El árbol está plantado en un lugar; el tamo va adonde lo lleve el viento. Entre esas dos imágenes casi no queda espacio, y el salmo empieza describiendo a quien es lo primero.
«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado». Bienaventurado quiere decir dichoso, varón es hombre, y escarnecedores, los que se burlan. Fíjate en los tres verbos: anduvo, estuvo, se ha sentado. Una manera de leerlo es como alguien que va de pasada, se detiene y termina quedándose. El salmo empieza por con qué voces no se junta, no por lo que logra.
Pero el salmo no se queda en lo que esa persona evita: «Antes en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche». Antes quiere decir aquí al contrario, y delicia, gusto. De ahí sale la imagen: «como el árbol plantado junto á arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae». El versículo añade que todo lo que hace prosperará: dentro de la imagen del árbol, es una vida que da fruto y no se seca, no como garantía de que todo salga como uno planea.
Luego el tono cambia: «No así los malos: sino como el tamo que arrebata el viento». Y agrega algo serio: «Por tanto no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos». Habla de un juicio y no lo suaviza. Pero es el reverso del árbol, no un arma para señalar a nadie: lo liviano no se sostiene en pie. El salmo lo dice para que cada cual mire su propio camino.
Hoy las voces que aconsejan casi nunca se presentan como malas: son lo que se dice en la oficina, lo que muestra la pantalla, la conversación que se repite en la fila. El salmo no pide encerrarse, sino saber qué palabra pesa más. Quien abre la Biblia y vuelve a pensar en lo leído mientras espera el bus va echando raíces de a poco, «en su tiempo». Y cuando nos quedamos cortos, miramos a Jesús, que caminó según la voluntad del Padre y nos acompaña.
El salmo termina con la razón de todo: «Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá». Conocer suena a más que saber datos: es tener a alguien a la vista, paso a paso. Tu camino puede parecerte pequeño o torcido; para Dios no es un camino sin nombre. Jehová conoce el camino de los justos, y eso no cambia.
Para vivirlo hoy
Elige el lugar donde más pasas el día, sea la mesa del comedor, el velador o el escritorio, y deja ahí tu Biblia abierta en el Salmo 1, bien a la vista. Es un cambio pequeño, pero un árbol se planta en un sitio, no en el aire. Cada vez que pases, lee un versículo. Nada más.
Para meditar
- ¿Qué voces me aconsejan cada día sin que yo las elija, y hacia dónde me llevan?
- ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en mi semana: un peso, una obligación o una alegría?
- ¿En qué parte de mi vida estoy esperando fruto antes de tiempo, y cómo puedo descansar en que Dios conoce mi camino?
Oración
Padre, tú conoces el camino de los justos y no pierdes de vista a ninguno de los tuyos. Gracias porque tu Palabra puede ser mi alegría, y no solo una regla. Plántame junto al agua y dame raíces. Aparta de mí los consejos que me dejan sin peso. Enséñame a pensar en lo que has dicho mientras camino, trabajo y descanso. Cuando me falte fruto, ten paciencia conmigo y recuérdame que cada fruto tiene su tiempo. Que mi camino, aunque sea pequeño, sea uno que tú conoces. Amén.