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Familia y hogar

Del regazo de Noemí hasta David

Lectura · Rut 4:14-22

14Y las mujeres decían á Noemi: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será nombrado en Israel.

15El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos, le ha parido.

16Y tomando Noemi el hijo, púsolo en su regazo, y fuéle su ama.

17Y las vecinas diciendo, A Noemi ha nacido un hijo, le pusieron nombre; y llamáronle Obed. Este es padre de Isaí, padre de David.

18Y estas son las generaciones de Phares: Phares engendró á Hesrón;

19Y Hesrón engendró á Ram, y Ram engendró á Aminadab;

20Y Aminadab engendró á Nahasón, y Nahasón engendró á Salmón;

21Y Salmón engendró á Booz, y Booz engendró á Obed;

22Y Obed engendró á Isaí, é Isaí engendró á David.

Rut 4:14-22

«Tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos». Es una frase para leer despacio. Se la dicen a Noemí las mujeres que la rodean, y en ella hay un contraste: una nuera, que no es hija de la propia sangre, pesa más que siete hijos. Lo que pesa no es el parentesco sino el amor. Y lo dicen justo al comienzo de un pasaje que termina con una larga lista de nombres de varones.

Esas mismas mujeres empiezan alabando a Dios, no a la madre ni al niño: «Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente». Loado quiere decir alabado. Dicen que el niño será un pariente cuyo nombre se pronunciará en Israel, un «restaurador de tu alma» y quien sustentará su vejez, es decir, quien la sostendrá cuando ya no pueda valerse. Lo primero que dice esta gente ese día es gracias a Dios, y solo después habla de lo que el niño hará.

Noemí toma al niño, y el texto dice que «púsolo en su regazo, y fuéle su ama»: lo puso sobre sus rodillas y se hizo su cuidadora. Es una escena muy pequeña, casi doméstica: una mujer mayor con un bebé en brazos. Las vecinas dicen algo tierno y raro a la vez: «A Noemi ha nacido un hijo». El niño nació de Rut, pero ellas lo cuentan como un regalo para Noemí. Y le ponen nombre: Obed. Nadie en esta escena es todavía famoso; solo hay gente que alaba, cuida y nombra.

Entonces el libro cambia de tono y da una lista: «Y estas son las generaciones de Phares». Fares, Hezrón, Ram, Aminadab, Naasón, Salmón, Booz, Obed, Isaí y, al final, David. Es fácil pasar deprisa por una lista así, pero está puesta con intención: dice que el niño de las rodillas de Noemí no era un hecho aislado, sino un eslabón de una cadena que llegaba hasta David. Son nombres que hoy casi no nos dicen nada, y quien lee con fe ve en ellos la fidelidad de Dios, que avanza sin ruido, de padre a hijo.

Hoy este pasaje nos dice que los vínculos que sostienen una vida no siempre son los que uno esperaba: una amistad que se quedó, alguien que cuidó sin que nadie se lo pidiera. Y que lo que hacemos en lo pequeño, cuidar a un mayor, sostener una espera, quedarse al lado, puede llegar más lejos de lo que vemos. Noemí no podía ver hasta dónde llegaría esa cadena. La Biblia dirá después que de esa línea de David nació Jesús, el pariente que no le falta a nadie y el que restaura el alma de quien se le acerca.

Para vivirlo hoy

Esta semana piensa en una persona que ha estado a tu lado sin que la sangre ni un deber la obligaran a ello. Llámala, escríbele o visítala, y dile con palabras claras lo que su compañía ha significado para ti. No hace falta un discurso; basta con decirlo con claridad.

Para meditar

  • ¿Quién ha estado a tu lado sin que la sangre lo obligara, y qué te gustaría que supiera de lo que eso ha significado para ti?
  • ¿Qué gesto pequeño de cuidado hacia una persona mayor o frágil podrías repetir esta semana, aunque nadie lo note?
  • ¿Qué cambia en tu manera de mirar lo pequeño saber que una cadena de nombres casi desconocidos llevó hasta David?

Oración

Jesús, tú viniste de esta línea de nombres: de Booz y de Obed, de Isaí y de David. Gracias porque tu historia humana empezó en familias comunes, con nueras, vecinas y bebés. Tú eres quien restaura el alma y sostiene en la vejez, lo que aquellas mujeres esperaban de un niño. Enséñame a ser pariente cercano de alguien esta semana, sin ruido y sin cálculo. Cuida a quienes envejecen y a quienes los acompañan. Y que yo, como ellas, alabe primero a Dios y hable después. Amén.

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