Oración
David ora con lo que Dios ya le había dicho
Lectura · 1 Crónicas 17:18-27
18¿Qué más puede añadir David pidiendo de ti para glorificar á tu siervo? mas tú conoces á tu siervo.
19Oh Jehová, por amor de tu siervo y según tu corazón, has hecho toda esta grandeza, para hacer notorias todas tus grandezas.
20Jehová, no hay semejante á ti, ni hay Dios sino tú, según todas las cosas que hemos oído con nuestros oídos.
21¿Y qué gente hay en la tierra como tu pueblo Israel, cuyo Dios fuese y se redimiera un pueblo, para hacerte nombre con grandezas y maravillas, echando las gentes de delante de tu pueblo, que tú rescataste de Egipto?
22Tú has constituído á tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, Jehová, has venido á ser su Dios.
23Ahora pues, Jehová, la palabra que has hablado acerca de tu siervo y de su casa, sea firme para siempre, y haz como has dicho.
24Permanezca pues, y sea engrandecido tu nombre para siempre, á fin de que se diga: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, es Dios para Israel. Y sea la casa de tu siervo David firme delante de ti.
25Porque tú, Dios mío, revelaste al oído á tu siervo que le has de edificar casa; por eso ha hallado tu siervo motivo de orar delante de ti.
26Ahora pues, Jehová, tú eres el Dios que has hablado de tu siervo este bien;
27Y ahora has querido bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti: porque tú, Jehová, la has bendecido, y será bendita para siempre.
David se llama a sí mismo «tu siervo» nueve veces en esta oración, repartidas en siete de los diez versículos, y ni una vez se nombra rey. Habla de sí en tercera persona y se pregunta qué más podría añadir David pidiendo para ser honrado. Acaba de recibir una promesa enorme, y en su oración se presenta con la palabra más sencilla que tiene.
Su oración responde a algo que Dios le ha dicho. Según el versículo 25, Dios le reveló que le edificaría casa, y casa aquí es su familia, su descendencia. Con eso en las manos, David dice: «mas tú conoces á tu siervo». Luego mira lo que Dios ha hecho por amor a su siervo, y dice para qué: «para hacer notorias todas tus grandezas», hoy diríamos, para darlas a conocer. Lo recibido no termina en él.
Después levanta la mirada: «no hay semejante á ti, ni hay Dios sino tú». Recuerda a un pueblo que Dios rescató de Egipto y que hizo suyo para siempre. Menciona también que Dios echó a otras naciones de delante de ese pueblo. Es una página dura de la historia, y no conviene saltarla; David la cuenta como obra de Dios. Y pide que se diga: «Dios de Israel, es Dios para Israel». No lleva el título nada más: actúa como Dios de ellos.
Ahora viene la frase que explica todo lo anterior: «por eso ha hallado tu siervo motivo de orar delante de ti». Hallar motivo es encontrar una razón para orar, y aquí la razón es que Dios le habló primero al oído. Fíjate en el orden: primero Dios dice, después David ora. Y lo que pide es esto: «haz como has dicho». No inventa una petición ni presiona. Toma lo que Dios ya dijo y se lo devuelve, como quien firma debajo de una palabra recibida.
Muchas veces oramos partiendo de lo que nos falta, y Dios oye eso también. Esta oración muestra otra puerta. Piensa en un día que empieza con una cuenta pendiente, un cansancio que no cede o una conversación difícil por delante. Antes de pedir, se puede recordar lo que Dios ha dicho de sí mismo: que es fiel y que cumple lo que dice. La promesa de una casa fue para David y su familia; no la tomamos como nuestra. Lo que sí es de todos es cómo es Dios.
Los cristianos creemos que la casa que Dios prometió firme para siempre encuentra su cumplimiento en Jesús, descendiente de David, y que en él las promesas de Dios se vuelven un sí. Por eso podemos orar con confianza, no porque lo merezcamos, sino porque Dios ya habló. Hoy, antes de pedir algo, dile en voz baja una cosa que él ya haya dicho de sí mismo.
Para vivirlo hoy
Durante los próximos tres días, empieza tu oración con una frase de la Biblia que hable de cómo es Dios, por ejemplo una de las que has leído en este plan. Léela despacio, repítela en voz alta con tus palabras y solo después presenta lo que necesitas. Así tu petición nace de lo que Dios ya dijo, como la de David.
Para meditar
- ¿Con qué nombre me presento hoy delante de Dios, y qué cambia cuando lo hago como siervo, sin tener que justificarme?
- ¿Qué ha dicho Dios de sí mismo que yo podría decirle hoy, antes de pedirle nada?
- ¿Qué cosa buena que he recibido puedo mirar también como una señal de cómo es Dios, y no solo como algo mío?
Oración
Gracias porque hablaste primero. A David le hablaste al oído, y de tu palabra nació su oración; a nosotros nos dejaste tu Palabra escrita para que no oremos a ciegas. Gracias porque eres Dios para tu pueblo y no solo un nombre. Enséñame a presentarme como tu siervo, sin títulos ni excusas, sabiendo que tú me conoces. Hoy te traigo lo que me pesa: «haz como has dicho». Y dame la calma de David, que cerró su oración afirmando lo que tú habías prometido. En el nombre de Jesús. Amén.