Humildad
Corregir con mansedumbre, esperando que Dios dé el arrepentimiento
Lectura · 2 Timoteo 2:23-26
23Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas.
24Que el siervo del Señor no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido;
25Que con mansedumbre corrija á los que se oponen: si quizá Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad,
26Y se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos á voluntad de él.
Dios concede el arrepentimiento. Eso es lo que muestra este pasaje cuando habla de quienes se oponen a la verdad: «si quizá Dios les dé que se arrepientan para conocer la verdad». Fíjate en quién da el cambio. No lo produce la fuerza de un argumento ni la firmeza de quien corrige; viene de Dios, como un regalo. Y eso nos quita de encima un peso que nunca fue nuestro, el de ganar la discusión, y nos deja una tarea más sencilla: hablar de manera que esa puerta siga abierta.
Pablo le escribe a Timoteo y empieza con un consejo muy cotidiano: «las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas». Hoy diríamos que rechace las discusiones tontas, esas que no llevan a ninguna parte y solo producen peleas. Enseguida describe al siervo del Señor: «no debe ser litigioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido». Litigioso es quien siempre está listo para el pleito, y sufrido es quien tiene paciencia. Mira las dos palabras del medio: manso «para con todos». No hay un grupo exceptuado.
Luego viene lo más difícil, que es corregir. «Que con mansedumbre corrija á los que se oponen». Pablo no dice que se calle la verdad ni que se deje pasar lo que está mal; dice cómo se corrige, y es con mansedumbre. Un grito puede ganar un momento, pero suele dejar cerrada la puerta; la calma deja abierta la posibilidad de que la persona vuelva a hablar mañana. Y detrás de esa calma hay una esperanza con nombre propio: que Dios lleve a quien se opone a arrepentirse y conocer la verdad.
El pasaje termina con una imagen seria: el deseo de que «se zafen del lazo del diablo, en que están cautivos á voluntad de él». Zafarse quiere decir soltarse de una trampa. Pablo no suaviza el cuadro: habla de un lazo, de personas cautivas y de alguien que las tiene a su voluntad. Tampoco explica cómo se cae en él. Lo que deja claro es hacia dónde apunta todo, porque la frase termina en soltarse y no en condenar. El texto no deja sin salida a quien se opone.
Piensa en la mesa donde salió otra vez el tema que siempre termina en pelea, en el grupo de mensajes donde alguien escribió algo que dolió, o en la persona del trabajo que se burla de lo que crees. El impulso es responder más fuerte. El pasaje sugiere otro camino: elegir qué discusiones no valen la pena y, en las que sí importan, hablar con calma, con paciencia, sin buscar humillar. Quien sirve al Señor puede tratar así a los demás porque sabe que el arrepentimiento es un don de Dios, también en su propia vida.
Hoy, cuando algo te empuje a discutir, haz una pausa antes de contestar. Respira, escoge la frase más tranquila que puedas decir y di solo esa. Si la conversación se calienta de todos modos, no te obligues a ganarla; deja el resultado en manos de quien da el arrepentimiento y da también el conocimiento de la verdad. Tu parte de hoy es la mansedumbre, y eso ya es bastante.
Para vivirlo hoy
La próxima vez que sientas tensa una conversación con alguien de tu familia, de tu trabajo o de tus mensajes, haz una pausa antes de responder. Durante los próximos tres días lleva escrita en un papel la frase «manso para con todos» y guárdala en el bolsillo. Cada vez que la toques, baja el volumen de tu voz y responde más despacio.
Para meditar
- ¿Qué discusión de esta semana podrías dejar pasar hoy, sabiendo que solo produciría contienda?
- ¿Cómo cambia tu manera de hablar con quien piensa distinto saber que el arrepentimiento lo concede Dios?
- ¿Quién en tu vida parece atrapado en algo que no ve, y cómo podrías esperar su libertad con paciencia y con oración?
Oración
Gracias porque tú das el arrepentimiento y no dependemos de quién gane la discusión. Gracias porque este pasaje no termina en condena, sino en libertad para quienes están atrapados. Enséñame la mansedumbre con quien me contradice, y la paciencia cuando no veo cambios. Ayúdame a dejar las peleas que no llevan a nada. Te pido por esa persona concreta que hoy se opone a lo que creo: que llegue a conocer la verdad y a soltarse de todo lo que le ata. Amén.